trataré de contar tu historia
sin exentarla
de la gloria
de tu nacimiento.
Tus labios nacieron
de un ciruelo virgen
de la montaña más alta
tan cerca del cielo
como de mi pensamiento.
Tus ojos aurora
y tu cabello madrugada,
la noche que te añora
con estrellas que se enamoran
de tu fulgor.
Y quisiera
a pesar de todos
los consejos sabios
seguir contándote secretos
pero que no lleguen a tus oídos
sino a tus labios.
jueves, 1 de abril de 2010
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